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    Tráfico ::: (InuKag)

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    linaeinu_love
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    Fecha de inscripción : 25/02/2010

    Tráfico ::: (InuKag)

    Mensaje  linaeinu_love el Jue Feb 25, 2010 9:51 am




    Prefacio:

    “Arrebatar una vida por dinero y poder es lo mas desagradable, bajo e inhumano que una persona puede llegar a hacer.
    Podrán robar dinero, joyas y propiedades sin arrepentimiento alguno, son criminales sin escrúpulos. Van por el mundo cometiendo maldades, disfrutando del dolor de los demás.
    ¿Quiénes son?
    Simples seres humanos perdidos en su miseria.
    Pero una persona que roba vidas…
    Monstruo es lo único que llegara a ser.”


    Lina Zaes




    INTRODUCCIÓN


    Estaba cansado de escuchar lo mismo cada vez que se encontraba con sus tíos.
    Todo el tiempo la misma plática sobre su futuro, sobre como lo mejor era casarse con una mujer de familia noble y rica como la suya y así poder tener algo por que vivir…

    Suspiró sintiendo su frustración de siempre. Cada vez que eso sucedía salía de la casa y se escondía en los jardines de la mansión. Tenía un lugar preferido al que le gustaba ir a relajarse y descansar cuando sentía que su vida se iba por el caño si no encontraba una manera de hacer entender a sus tíos que se casaría cuando estuviera listo.
    Lo cuál en esa semana le pasaba muy seguido. A veces creía que ellos lo querían obligar a casarse no importándoles lo que el quisiera, como si su insistencia tuviera otras intenciones, como si quisieran deshacerse de el…

    Sacudió su cabeza ante esa idea tan ridícula, ellos lo querían mucho, habían cuidado de el desde que sus padres murieron en un accidente de auto dieciocho años atrás, se habían convertido en sus tutores y su única familia.
    Los amaba, eso no estaba a discusión. Pero tenía que admitir que en momentos como ese deseaba no tenerlos con el.

    Lo desesperaba tanto su insistencia por conseguirle una esposa que estaba considerando seriamente el buscarse una chica y presentarla como su novia para ver si así lo dejaban tranquilo.
    Además, ya no estaba en edad de que el buscaran una mujer.
    ¡Tenía veintiocho años por todos los cielos!

    Era un adulto maduro y responsable. “Demasiado maduro…”- recordó que su tío Onigumo le había dicho una vez.
    Que a las chicas les gustaban los hombres jóvenes, y que a la edad que tenía sería muy difícil encontrar a una mujer que lo encontrara atractivo.

    De nuevo suspiró. Se estiro en el césped y miró al cielo, ese lugar siempre lo tranquilizaba. Recordaba como se escondía ahí cuando jugaba con su padre, el juego terminaba de la misma forma. El siempre ganaba ya que su padre se desesperaba tanto al no encontrarlo que terminaba llamándolo para que saliera.

    Sonrió sintiendo nostalgia, lo mejor era regresar antes de que sus paranoicos tíos llamaran al FBI al pensar que fue secuestrado…
    Soltó una risita al imaginarlo, eso era digno de sus tutores.
    -Inuyasha al fin apareces…- la voz de Naraku, reconoció el chico que hablaba a lo lejos.- Sabes que no nos gusta que te desaparezcas así jovencito.
    -Lo se Tío Naraku…- se disculpó el sonriendo.
    -Ya no eres un niño pequeño Inuyasha…- escucho que otra voz le decía, o mas bien lo regañaba.
    -Que bien que te des cuenta de eso Tío Onigumo.- afirmo el chico.- No soy un niño al cual puedan obligar a casarse con cualquiera, me casare cuando me sienta listo, no cuando ustedes decidan.- les aclaró a ambos entrando a la casa.

    Ellos lo miraron sorprendidos. No por lo que les había dicho, ya que eso de “Ya soy un adulto” era rutinario. Si no por la forma en que lo dijo, como si tratara de convencerse a si mismo de eso.
    -¡Detente ahí Inuyasha!- dijeron ambos.

    Pero el chico no los obedeció, alzó su mano diciendo adiós y corrió a subir las escaleras.
    -Este muchacho…- susurró Naraku.
    -…Nos volverá locos.- finalizó Onigumo.

    Pero no parecían enojados, mucho menos, ambos sonreían, una sonrisa un tanto maliciosa, al parecer algo de lo que les había dicho su sobrino les había gustado.
    Se podía ver, por sus miradas, como un plan no precisamente bueno comenzaba a formarse en la cabeza de esos hombres.
    Sería muy sencillo.- se decían.
    Después de todo no era la primera vez que harían eso.

    ///

    A las 7:00 a.m. comenzó a sonar una alarma, el televisor se encendió inundando la habitación con un ruido estruendoso, ya que esa era la única manera en que la pareja podía despertarse.
    -Vamos Kagome…- la llamaba el chico.- Es hora de despertar floja…

    Pero la chica no despertó, era increíble, todo ese ruido y no se había movido ni un centímetro.
    -Kagome…- volvió a decirle, toco su hombro y la movió un poco, nada, ella aun dormía. Sabía que no funcionaria eso, sonrió al darse cuenta que todos los días era lo mismo. Le encantaba esa rutina en la mañana, no se arrepentía por haberle pedido que se mudara con el, amaba a esa chica con todo su corazón así ella durmiera todo el día y despertara de noche.

    Se levantó de la cama, apagó la alarma y bajo el volumen de la televisión. Cambió de canal a las noticias, sabia que saldría algo relacionado con el caso que estaba resolviendo con su equipo.
    Llevaba ya cuatro años siendo policía, a sus veintitrés años esperaba deseoso que le dieran el puesto de detective que tanto quería y sabía que si lograba resolver ese caso lo iba a obtener.

    Entró al baño a ducharse mientras su novia se levantaba, escuchó como ella le subía el volumen a la televisión, sonrió al saber lo siguiente que haría, entraría a la cocina a preparar el desayuno.
    Salió apurado al momento que su nariz percibió el delicioso olor a jamón frito y jugo de naranja.
    Ella lo recibió con un bostezo que oculto bajo su mano, el sonrió complacido, definitivamente le encantaba esa rutina. No quería que acabara nunca.
    -Buenos días dormilona…- susurró el acercándose a la chica. La abrazó por la espalda y beso su cuello.
    -Serian buenos a las diez…- gruñó ella bostezando de nuevo.- Pero hoy es lunes y tengo clases y trabajo…- se lamento.
    -Lo se, yo también tengo que trabajar.- sonrió al escuchar como ella hacía un puchero.- Encontramos mas pistas sobre los sujetos que escaparon…

    Ella suspiró. No le gustaba que Kouga trabajara en un lugar tan peligroso. Cada día temía que no regresara, sabía que el mundo allá afuera no era color de rosa. Había mucha gente desquiciada que solo vivía para propagar la miseria y el sufrimiento.
    -Sigo insistiendo que deberías buscar otro trabajo…- susurro ella separándose del chico. Fue a la mesa y se sentó.

    El la miró haciendo una mueca. No quería iniciar la discusión diaria de cómo era muy peligroso su trabajo, sabía que siempre terminaban enojados. Kagome parecía su esposa, toda una esposa regañona y malhumorada, sonrió. Aunque entendía que la chica se preocupaba mucho por el.
    -Cariño…-la llamó sentándose a su lado.- Se que no quieres pelear, yo tampoco.- la miro sonriendo.- Te prometo que si encuentro otro trabajo que me guste dejare este al instante…

    Ella sonrió disfrutando su victoria, le saco la lengua y comenzó a comer.

    Kouga suspiro aliviado. No estaba seguro de poder cumplir esa promesa, además no creía encontrar otro trabajo que le diera tanta satisfacción como lo hacía ese cada vez que atrapaba a un ladrón o a un violador. Libraba al mundo de su escoria y le encantaba hacer eso.
    Tomó el control remoto del televisor y comenzó a comer junto a ella. Pero un anuncio llamó mucho su atención.

    “-Esta mañana se reportaron mas casos de secuestro.- comenzó a decir la reportera.- Hasta la fecha en nuestro país ya van doscientos desaparecidos en su mayoría mujeres jóvenes y niños, lamentablemente no se ha encontrado a ninguno de ellos. La policía se esta haciendo cargo pero, ¿Cuántas personas mas serán sacadas de sus vidas antes de que estos “Hombres de la ley” puedan detenerlos? Mas detalles a las once…”

    -Idiotas…- susurró el chico apagando el aparato.- ¿Qué saben ellos de cómo atrapar a un criminal? No es solo salir a la calle y preguntar por ellos…- gruñó comiendo rápido.

    Kagome lo miraba aguantando la risa. Cuando se ponía así le recordaba cuando eran niños, el siempre ha tenido ese carácter. Sobre todo por la forma en que se ponía a comer cuando algo lo molestaba.
    -Lo se cariño…- sonrió ella.- Ellos no saben, tu si, demuéstraselos.- lo animó.
    -Lo haré Kagome, lo haré.- aseguró el comiendo mas rápido.

    Ella soltó una risita y se levantó.
    -Pareces un niño cuando comes así…
    -Es que no soporto que nos critiquen solo por tener algo de que hablar…- gruñó de nuevo.
    -Ya lo se…- dijo ella dejando los platos en le lavadero.- Se que lo harás.- vio la hora.- Pero me cuentas después por que tengo clases.

    El la miró sonriendo, termino su comida y llevo los platos a la cocina.

    Al estar ya listo con su uniforme y arma bien cargada salió a la sala.
    -¡Santo cielo Kouga!- le grito ella.- Te he dicho que no quiero que cargues esa cosa dentro de la casa.- dijo ella refiriéndose al arma que el chico traía en la mano.
    -Lo siento Kagome.- sonrió.- Pero un policía no es nadie si su nueve milímetros…
    -idiota…- susurro ella agarrando su bolso.- Recuerda que el que llegue tarde lava los platos.- le saco la lengua.
    -Espera…- la detuvo.- ¿Tan molesta estas por que sacara mi arma que ni un beso me piensas dar?- hizo una cara de tristeza.

    Kagome lo miro sonriendo. Cada vez que ponía esa carita de perrito la hacía reír a carcajadas. El creía que con eso conseguiría lo que quisiera, pero la realidad era otra.
    -Adiós cariño…- le dijo ella al oído antes de apartarse y salir corriendo a su escuela.

    Kouga la escucho y sonrió como un bobo. Sabía que la haría pagar por esa travesura.
    Pero por ahora se concentraría en tres cosas. Su trabajo en primer lugar, quería a toda costa ese puesto de detective. Iría por el anillo que pensaba darle a Kagome esa misma noche, quería hacerla su esposa, y lo otro era no llegar tarde, definitivamente no quería lavar los platos…

    ///

    -Tenemos que hacer algo pero ya…- la voz de su hermano lo hizo sonreír.
    -Claro que lo haremos, no te preocupes Naraku.- lo miro tomando su celular.- Solo es cuestión de que llame a unos cuantos amigos…- termino el marcando un numero desconocido. Su sonrisa aumento cuando hubo respuesta.- Ya había pasado tiempo… lo se.- hablaba el hombre.- ¿Es obvio el motivo de mi llamada no crees?
    -Dile que necesitamos a una desconocida.- susurraba el otro emocionado.

    Onigumo le decía las indicaciones a la persona misteriosa que hablaba con el. Después de unos minutos colgó el teléfono y miró a su gemelo.
    -Esta hecho…- sonrió.- Lo único que tenemos que hacer es elegir a nuestra futura nuera…

    ///

    Kagome salio corriendo del departamento, una sonrisa traviesa adornaba su hermoso rostro. Se sentía poderosa al haber dejado así a Kouga, aunque se lo merecía. Tenía dos años insistiéndole para que dejara ese horrible trabajo. Sabía que no sería fácil. A Kouga le encantaba poder perseguir y disparar a los criminales.
    Suspiró. Camino por las calles hacía la parada del autobús.
    Estaba tan concentrada en como hacer para que su novio olvidara ese empleo que no noto a los dos hombres que la miraban desde lejos.

    Por supuesto que no los había visto. Ellos estaban dentro de un coche negro, los vidrios oscuros. Ambos sonriendo, evaluando a la chica. Considerándola como su futura nuera. Pero había tiempo, se decían. La cuidad estaba repleta de chicas hermosas. Suspiraron y continuaron observando a las candidatas. Sonrientes, fumando un puro, acechando, como un cazador y su presa.

    La chica subió al autobús aun pensativa. Le quedaba media hora de viaje todavía para llegar a sus clases. Saco su mp3 y se tranquilizo escuchando música. Eso era lo único que la calmaba, así estuviera triste, enojada, deprimida o desilusionada, no había mejor calmante para ella que escuchar su música favorita. Salvo claro, una buena taza de café con leche.
    Se sentía confundida. Kouga la amaba, lo sabía. Pero ella no estaba segura de cuanto lo quería a el. Era difícil ya que no puede compararse el amor que sientes hacía un hermano al de un novio.
    Pero ella había crecido con el chico, lo conocía a la perfección. Y cuando el le pidió ser su novia, le había dicho que si por que lo quería muchísimo, pero no lo amaba.

    Trató de darle tiempo a su relación. Pensaba que el sentimiento crecería, solo tenía que se paciente.
    Pero llevaba ya dos años y medio esperando y las cosas seguían igual.
    Aceptó mudarse a su departamento pues no quería desilusionarlo, además se sentía a gusto viviendo con el. Kouga la cuidaba y se había convertido en su única familia.

    Pero había algo que no se permitía pensar. Aunque le diera vergüenza admitirlo y mas frente al chico.

    Sabía que parte de la incomodidad e insuficiencia que sentía en ocasiones se debía a que no existía esa chispa de deseo que por lo general sientes cuando estas con tu novio. Sabía que faltaba el deseo en su relación y que esa era la razón por la que no se había acostado con Kouga. Que no bastaba que la entendiera y que muriera por ella, que no bastaba que en sus fracasos se refugiara en el.
    ¿Y que pasa ahora?

    Estaba considerando dejar al chico. Creyó que el tiempo se haría cargo del fin, y si no fuera así, ella seguiría jugando a hacerlo feliz…

    Bajo del autobús con ojos llorosos. ¿Cómo fue su mañana tranquila y divertida se había convertido en una lista de lo que faltaba en su relación con Kouga?

    Sollozó sintiéndose miserable, Kouga no se merecía lo que estaba pensando hacerle.
    Talló sus ojos para que las lágrimas no salieran. Caminó pensando en sus palabras, le faltaban unas cuantas calles para llegar, podía ver el edificio sede de la universidad a los lejos.
    Sabía que todo se arreglaría cuando despejara su mente, y que mejor que un largo y laborioso día de escuela.

    ///

    -Sin duda es ella…- susurraron al mismo tiempo los hombres con una sonrisa, habían encontrado a la chica indicada para ser la esposa de su sobrino. Les habían llevado el informe de cada chica. Y ella era perfecta, 20 años, no tenia familia, y al parecer la única persona que la conocía era su novio… no era rica, no tenia nada mas que el lugar donde vivía. Pero ellos se encargarían que en sus “nuevos papeles” dijeran que ella venia de una familia noble.

    El mayor de los hombres hizo una seña con su mano a uno de sus subordinados, el sujeto se acerco al auto y espero la orden.
    -Ella…- indico el con su dedo.- Que sea rápido, usen a la anciana…- termino el cerrando el vidrio, miró a su hermano que le ofrecía una copa de champaña. Brindaron por la futura pareja, por el matrimonio que arreglarían. Pero sobre todo por el dinero que obtendrían cuando eso sucediera.

    ///

    -Debo dejar que las cosas sigan su curso…- se decía la chica tratando de convencerse, aunque sin lograrlo. No sabía que era peor. Seguir engañando a Kouga de esa manera, o ser honesta con el y contarle la verdad, aunque ninguna de las dos le gustaba.
    ¿Por qué no había una opción que tuviera un final feliz sin corazones rotos?
    Cualquiera que ella escogiera haría sufrir al chico.
    -¿Por qué tiene que se todo tan difícil?- se preguntaba aun caminado, por un momento no recordaba a donde se dirigía. Se debatía en contarle o no la vedad a su novio. Por mas que lo quisiera no podía seguir mintiéndole. Se había decidido.
    Le diría la verdad a Kouga, se dijo ella sintiendo valor. Sería honesta y le diría que no lo amaba…
    -¡Auxilio!- escucho que alguien gritaba.- ¡Ayúdenme por favor!- la voz siguió diciendo. El grito tan desesperado la sacó de sus conclusiones, miro la calle buscando a quien pedía ayuda pero no veía nada.
    -¡Por favor ayúdenme!- grito de nuevo la voz, ella la localizó. Los ruidos venían de un callejón. Pudo ver no muy lejos como una mujer gritaba tratando de sacarse un bloque de cemento que le había caído encima, la mujer lloraba y gritaba a los cuatro vientos. ¿Cómo era posible que nadie la escuchara?
    Se olvido de eso, llegó donde la chica y le sonrió para tranquilizarla.
    -No se preocupe…-la calmó.- Yo la voy a ayudar…

    La mujer le sonrió, había dejado de gritar.
    -Muchas gracias señorita…- dijo ella.- No se que habría hecho sin usted…

    Kagome le sonrió de nuevo, levanto el bloque que extrañamente no era tan pesado como ella creía. Aunque debía entender que una mujer de la edad de la señora no podría con eso sola.
    Cuando la liberó de su prisión la ayudo a levantarse.
    -¿Se encuentra usted bien señora?
    -Si querida, muchas gracias…- sonrió de nuevo.
    -Me alegra, espero que tenga mas cuidado, no es seguro pasar por estos callejones aun si es de día.- le dijo ella viendo como al mujer sacudía su ropa, viéndola bien no era tan mayor.
    -Tienes razón querida.- la llamo ella.- No es seguro caminar por estos lugares…- dijo lo ultimo tan bajo que ella apenas pudo oírla, no pudo entender ese tono, a demás, ¿su voz era distinta?
    -Bueno, como ya se encuentra bien me retiro…- se despidió la chica con su mano, caminó a la salida de ese túnel de oscuridad, comenzaron a darle escalofríos, no sabía por que paso pero comenzó a caminar mas rápido sin darse cuenta, algo le decía que tenía que salir de esa oscuridad lo mas pronto posible. Volteó hacía atrás para ver a la señora pero ella ya no estaba allí.

    Eso solo hizo que un miedo frío y seco se apoderara de su cuerpo. Estaba a punto de llegar, escuchaba el bullicio del tránsito y a los peatones caminando, saldría en unos segundos.
    Vio como alguien entraba al callejón dirigiéndose a ella, la persona se paro frente a la chica, ella se detuvo rápidamente, sabía que eso no podía significar algo bueno.
    -Estas calles son muy peligrosas señorita Higurashi…

    Escucho la chica que la voz le decía, giró para correr al otro lado pero chocó con otro hombre que le acosaba por la espalda. La atraparon y cubrieron su boca con una mano, ella no podía ver sus rostros, no hacían ningún sonido. Ni siquiera forcejearon con ella. La chica estaba paralizada, escuchó pasos detrás de ella, alguien se estaba acercando, vio con asombro como la mujer que había salvado la miraba con una sonrisa, tomo su cuello bruscamente. Ella comenzó a llora por el miedo. La mujer le enseño una jeringa con un liquido transparente goteando de la aguja, ella intento gritar con todas sus fuerzas al momento que sentía como el metal punzante entraba en su piel, y después de eso todo se volvió oscuro, tan oscuro como el túnel en el que se encontraban.

    ///

    Kagome despertó sintiendo náuseas. Aun no abría los ojos pero ya no estaba dormida, se levanto lentamente, pero sintió que algo la tenia tomada de la cintura. Abrió los ojos asustada, la habitación estaba iluminada un poco, al parecer todavía no amanecía.
    Vio de nuevo el brazo que la sujetaba con fuerza, no supo por que eso no la asusto. Lo retiro despacio para no despertar a la persona.
    Se bajo de la cama y al estirarse el mareo no disminuyó. A demás le dolía mucho el cuerpo, los brazos, las piernas, algo le ardía en el cuello, sus pechos también se sentían adoloridos, y su entrepierna…

    Al ver su cuerpo, casi grita del susto. ¡Estaba desnuda!

    ¿Cómo era posible eso?

    Shockeada tomo una sabana que colgaba de la cama para cubrirse, pero al hacer eso descubrió al hombre que estaba dormido del lado izquierdo de la cama, completamente desnudo. ¡Podía ver perfectamente su trasero!
    Avergonzada tomo otra sabana y lo cubrió, miro su rostro y le sorprendió ver que sonreía, no estaba despierto, bueno, esperaba que no, se sentía demasiado confundida como para una confrontación. Intentaba recordar quien era, pero no pudo, camino buscando el baño pero casi tropieza con algo que estaba en el suelo.
    Observo como al ropa que hizo que estuviera a punto de caerse no era si no un vestido de novia, y al lado las partes de un traje de gala negro. Parpadeó impresionada, no sabía que ocurría ahí.
    Siguió caminando y observando la habitación, podía escuchar el mar muy cerca, ¿en donde se encontraba?- se preguntó un poco alarmada.

    Le llamo la atención un pastel enorme que yacía arriba de una mesa al otro lado de la habitación, sin duda era de bodas, la figura que traía encima no decía feliz cumpleaños. Se acerco a verlo y lo probó. Chocolate negro, su favorito.

    Intento recordar pero las náuseas le ganaron, corrió al baño y vomitó varias veces, no sabía que le estaba pasando, quería saber por que se sentía tan confundida, se hecho agua a la cara y mas sorpresas descubrió al verse, su rostro aun llevaba maquillaje, a demás traía el cabello alborotado. Pero podía notar como en algún momento lo traía arreglado de una forma muy elegante, en su cuello estaba una aureola roja dándole los buenos días al resaltar en su blanca piel, eso era lo que le ardía. Vio sus pechos y su abdomen, tenían marcas de manos. Y en su entrepierna…
    Ni siquiera quiso mirar.

    Lavo sus manos y vio un destello bajo el agua. Levanto el brazo para ver eso que brillo. Comenzó a temblar de repente. Era demasiado…

    El despertar de esa manera, el hombre que compartía su cama, ella estaba desnuda y el tipo también. Las marcas en su cuerpo, el vestido de novia, el traje de gala, el pastel en la mesa, el ardor en su entrepierna. Y ahora esto…
    ¡Un anillo de diamantes yacía en su mano izquierda!

    Salió del baño atónito. Algo de lo que pasaba no le gustaba. Estaba casada con el hombre que dormía, eso era más que obvio, ¿pero quién era él? Tenía que recordarlo. Ella no se casaría con un desconocido. Pero entonces…
    ¿Por qué no lograba recordar nada?

      Fecha y hora actual: Miér Sep 19, 2018 2:07 am